Ley de transparencia, centralización y control

Acogí con cierta sorpresa la consulta popular abierta para el anteproyecto de la ley de transparencia, hito mayúsculo y que sin embargo creo ha pasado con tibieza por los medios de comunicación. La importancia del hecho no radica en la utilidad del proceso, que por ser el primero en su género dudo tenga mayor repercusión que la fanfarria pública asociada a una demostración de buena voluntad, sino por el hecho de que, tras el periplo de la democracia en España, es el primer gesto desde el poder que viene a remodelar el pilar sobre el que se asienta nuestras democracias: la participación ciudadana.

En un ejercicio de coherencia personal no he podido sino aportar mis comentarios a la misma y participar así en este experimento desde el escepticismo, un escepticismo matizado con cierto poso de esperanza en el largo plazo. No vaya a ser que digan que nadie se ha molestado en participar.

Leído el anteproyecto vemos que son cuatro los apartados que lo componen, Transparencia, Derecho a la Información, Buen Gobierno y Otras disposiciones. Yo encuentro a mi gusto varios comentarios que no ordenaré tanto por apartados sino por ideas, a saber:

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Transparencia y democracia directa; debate en las redes sociales.

Barrer bajo la alfombraLa transparencia en todos los ámbitos, público y privado, nos ofrece un excelente indicador de la imperfección de nuestro mundo. Por así decirlo, revela el tamaño de la alfombra que necesitamos para esconder el polvo que movemos al barrer.

Analizando la transparencia en el ámbito privado:

¿Por qué es necesaria la intimidad? Responde principalmente a una de las necesidades afectivas de la Pirámide de Maslow, y muestra unívocamente el miedo a exponernos a los prejuicios de nuestros congéneres, el deseo de huir de su juicio, ya que, a pesar de compartir nuestras imperfecciones, la realidad nos demuestra que toda información es utilizada, ya no para hacer justicia, sino para vilipendiar y hundir a nuestro oponente allí donde fuera preciso; aunque para ello sea necesario utilizar información, sesgada, parcial o, directamente, inventada.

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Democracia, elección y voto, la apuesta racional

Con las elecciones de nuestra democracia en el candelero y los votos a la vuelta de la esquina, me he dispuesto a analizar las diferentes calidades del voto que imperan en nuestra naturaleza; en concreto, desde el prisma de la psicología, y más específicamente: la motivación. Definiendo la motivación como el estado interno que impulsa a una persona hacia un determinado medio de satisfacer una necesidad, entenderemos que nuestras elecciones son esclavas de las necesidades, las cuales fueron convincentemente catalogadas por Maslow en su famosa Pirámide. Así, toda aquella persona que vote, o no vote, lo hará motivado por dichas necesidades.

Basándonos en la Pirámide de Maslow, en nuestra democracia podríamos clasificar los votos en tres grandes categorías:

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Información, seguridad y gobierno, la necesidad de conocer

Que la información es poder es una noción que no escapa a nadie. La información es la base de la toma de decisiones, por lo que, sin una información adecuada, no es posible ejercer un buen gobierno. En el pasado mandar un mensaje, los escasos 18 Kilobytes que ocupa este artículo, podía demorarse semanas o incluso meses, ahora la información se mueve a la velocidad de la luz, y al amparo de esta mejora de la capacidad para compartir la información nuestros sistemas de gobierno se han ido tornando más complejos. Esta revolución en la capacidad de transmisión y tratamiento de la información es la que debe impulsar a abandonar las perspectivas simplistas en la toma de decisiones, imponiendo un prisma interdisciplinar en las formas de gobierno, al modo en el que trabajaría uno de esos famosos “think tank”. Si recordamos la ley de Metcalfe o de Reed que propugnan, en resumidas cuentas, que el valor de una red crece exponencialmente con el número de usuarios, podremos imaginar el valor incalculable de un “think tank” a escala estatal.

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Democracia Directa Electrónica

Se podría definir como el régimen político que permite al ciudadano participar de forma directa en el gobierno de un estado, merced a los sistemas de información y telecomunicación.

Democracia Directa Electrónica, Democracia Líquida, Ciber-democracia, Wiki-democracia o Democracia 4.0...; muchos son los nombres que se dan a esta utopía informacional que día a día va cobrando fuerza entre las reivindicaciones de la ciudadanía, ya sea de una manera explícita, como parte integrante de las propuestas del movimiento 15m , o implícita, como derivado lógico de aglunas de las líneas de pensamiento subyacentes a colectivos como Anonymous. Parece lícito pensar así, ahora que la crisis económica quiere evidenciar las carencias de nuestros líderes.

Pero, ¿tiene algo de realista semejante reclamación?

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