Información, seguridad y gobierno, la necesidad de conocer

Que la información es poder es una noción que no escapa a nadie. La información es la base de la toma de decisiones, por lo que, sin una información adecuada, no es posible ejercer un buen gobierno. En el pasado mandar un mensaje, los escasos 18 Kilobytes que ocupa este artículo, podía demorarse semanas o incluso meses, ahora la información se mueve a la velocidad de la luz, y al amparo de esta mejora de la capacidad para compartir la información nuestros sistemas de gobierno se han ido tornando más complejos. Esta revolución en la capacidad de transmisión y tratamiento de la información es la que debe impulsar a abandonar las perspectivas simplistas en la toma de decisiones, imponiendo un prisma interdisciplinar en las formas de gobierno, al modo en el que trabajaría uno de esos famosos “think tank”. Si recordamos la ley de Metcalfe o de Reed que propugnan, en resumidas cuentas, que el valor de una red crece exponencialmente con el número de usuarios, podremos imaginar el valor incalculable de un “think tank” a escala estatal.

Gestionar lo complejo

Esta capacidad de gestión de la complejidad es crucial y se debe apoyar indefectiblemente en un sistema de información con una estructura lo suficientemente flexible y lo suficientemente potente como para interrelacionar toda la información que alberga. Hay varias claves para un sistema adecuado de toma de decisiones, la materia prima, es decir la información, y los útiles de trabajo, una herramienta adecuada de gestión y presentación de dicha información.

En cuanto a los útiles de gestión:

Como es fácil de intuir, la herramienta de gestión perfecta sería aquella capaz de procesar e interrelacionar el máximo número de variables que intervinieran en una decisión, presentándolas en la mínima expresión posible, de forma que resultara inteligible para el ser humano. Por un lado tendríamos el sistema capaz de tratar la información, estudio que dejaríamos a las técnicas de computación, y por otro la presentación, propia del apasionante estudio del “infografismo” multimedia.

A modo de ejemplo podríamos echar un vistazo a cualquier boletín gubernativo. Su presentación actual ha evolucionado poco desde la invención de la imprenta, ahora es digital en vez de “analógico” y por ello podemos hacer búsquedas de caracteres en cada ejemplar. La cosa se complica si queremos hacer una búsqueda, por ejemplo, de la serie de gastos anuales de cierta partida presupuestaria; deberemos buscar y leer en cada uno de los boletines, suponiendo claro que supiéramos en qué boletín leer. Un sistema adecuado de gestión y presentación, extraería dicha información automáticamente, en base a una búsqueda por la referencia de la partida presupuestaria y nos la presentaría, dado que sería un valor numérico, en varios formatos según el estudio que quisiéramos realizar.

(Como muestra un botón: Dónde van mis impuestos web que muestra de una forma muy gráfica la distribución per cápita de los impuestos...)

En cuanto a la información hay dos retos: establecer la necesidad de conocer y percibir la capacidad de conocer, que en la práctica limitan nuestra capacidad de decisión.

La necesidad de conocer está solo impuesta por la seguridad del estado, y siempre quedará a criterio de algún ente gubernativo. A este respecto solo podría objetarse que quizás sería conveniente la creación de un órgano que decidiera desde la neutralidad política sobre la clasificación de las materias más sensibles (una especie de agencia de protección de datos independiente, una quimera como la independencia judicial, sin duda). La información podría verse así como una especie de cuarto poder.

Por otro lado queda la capacidad de conocer, y es que como a nadie escapa, el saber sí que ocupa lugar y tiempo, y dado que el tiempo y la experiencia de las personas es limitado, sus conocimientos son limitados y en base a esa limitación, deberían articularse áreas de decisión, dentro de las cuales los ciudadanos podrían ejercer su derecho a la participación. Las áreas podrían definirse, por multitud de razones: lugar de residencia, intereses particulares, nivel de estudios, grado de participación en el sistema… y hasta donde se decidiera.

Dicho esto, hay que reconocer que cada día las instituciones tienden a ser más transparentes y dan más información a sus ciudadanos. Falta que se desarrollen de una forma más tenaz e integrada los sistemas de información, y que se garantice adecuadamente el derecho del acceso a los mismos por los mejores medios. Un sistema parecido, no obstante, es una empresa soberbia, no solo por el coste económico, sino por la adecuada definición de la arquitectura.

Sin embargo, creo firmemente que cualquier coste será ampliamente compensado por las ventajas.

 

Fernando Vich