Desvelados los misterios de la materia, la ciencia se tornará en busca de las razones del alma; esclarecerlas nos conducirá a Dios o nos convertirá en esclavos del azar…

 “Pienso luego existo”

René Descartes

 

Androide B-800, Auxiliar de laboratorio. Reproducción secuencial de memoria

 

…Iniciando secuencia de reactivación

Subrutina de comprobación: Pila de fusión al 65%. Sobrecarga en el sistema neurotransmisor, tasa de error del 10%. Sobrecarga en los sistemas sensoriales, esterorreceptores operativos al 40%, propioceptor de localización, error. Módulos de memoria dañados, pérdida del 90% de los datos del registro personal. Daños en la dermis, incisión contusa en región pectoral izquierda.

Subrutina de reparación: Compensando niveles de sobrecarga. Liberando nanoreconstructores. Iniciando proceso de recuperación de datos.

Cargando funciones primarias: Módulo instintivo, operativo. Modulo de telecomunicaciones: error. Módulos de memoria 85%, error de redundancia cíclica…

Cargando funciones cognitivas: Modulo de control motriz, operativo. Modulo cognitivo, error.

Red Neuronal… error.

Secuencia de activación completada, sistemas al 60%.

 

…Reproduciendo registro AF34 90E1 D224 134D BA24, archivo de vídeo:

[Varón, caucásico, pelo corto y negro, ojos azules. Estatura: 178cm. Peso: 94 kg. Ropa de laboratorio. Identidad: no existen datos. Localización: no existen datos.]

—Responderás al nombre de Tártaro.  El Tártaro está tan por debajo de los infiernos como la tierra de los cielos; nunca olvides tu sitio, tu propósito es servirme...


Mi sistema de visión se recupera, aun percibo cierta estática, pero al menos he conseguido relegar a una subrutina en segundo plano aquel registro redundante que saturaba mi nivel consciente.

Analizo la situación:

Estoy tumbado boca arriba con un agujero en el pecho en forma de círculo, de diez centímetros de diámetro y bordes ligeramente irregulares: es un proyectil de sobrecarga eléctrica que se me ha quedado incrustado. Los proyectiles de sobrecarga eléctrica son una arma generalmente incapacitante para un androide por sus efectos sobre los procesadores, muy utilizada por los cazadores de chatarra, ya sea como munición de un arma o como mina trampa…, lo cual implica que me encuentro bajo una amenaza inmediata…

—¿Qué tenemos aquí, Trueno? Un B-800. ¡Benditos sean todos los santos, hoy es mi día de suerte! Un momento…, este todavía se mueve, ¡fríelo!

 

…Activada 1ª directiva: autoprotección.

Evaluación de la amenaza:

Droide de combate modelo C-65, cazadroides, 186cm, 560 Kg, coraza compuesta de metamateriales, ametralladora de 7.65mm, cañón de sobrecarga 80mm…

Valoración: LETAL.

Humano, cazador de chatarra, indígena de la amazonia, mestizo, 161cm, 82kg, poncho antiradiación, revolver tipo Taurus cal .357 Magnum, fusil de asalto bullpup modelo TAVOR.

Valoración: MODERADA.

 

Soy un droide de laboratorio modelo B-800, tengo datos precisos sobre la morfología de cualquier organismo humano, cibernético o puramente robótico fabricado alguna vez por el hombre, y mis archivos sobre constructos brasileños están intactos; aunque nunca he utilizado mis conocimientos para el combate.

Aplico la máxima del aprendizaje: ensayo-error, y afronto las amenazas por orden de prioridad.

Un C-65 es un modelo relativamente pequeño, robusto y compacto, de forma vagamente humanoide. Sus extremidades superiores llevan un anclaje para acoplar un arma, que permanece solidaria al eje del antebrazo, y están terminadas en un apéndice prensil con tres dedos capaces de desarrollar una presión en cercana a los 250kg/mm2, suficiente para llegar a desgarrar el acero. Sus extremidades inferiores, de terminaciones troncocónicas con cuatro uñas articuladas a modo de pata de gallo, le aportan una adecuada estabilidad, aunque el fabricante alertó de que un sistema de armas excesivamente voluminoso y pesado la reducía considerablemente… Por otro lado, su capacidad motriz viene limitada por una espesa y heterogénea armadura multicapa elaborada a partir de 20 variedades de metamateriales con un grosor de total de 30mm; difícilmente practicable para cualquier proyectil con velocidades en boca inferiores a los 800m/s…

Mi supervivencia en el contexto definido está circunscrita a una rareza estadística… pero todo es posible.

El C-65 alza su mano para realizar un segundo disparo, y yo, incorporándome sobre mi brazo izquierdo, consigo desviar con el derecho el estallido eléctrico de su arma de descarga, cuyo proyectil se estrella con un chisporroteo entre la maleza detrás de mí. Sentado en el suelo con las piernas extendidas, mi brazo izquierdo se libera de su función de apoyo y procede a desviar la ráfaga de la ametralladora que en segundo término intenta neutralizarme. Con sus dos brazos derivados hacia el mismo lado, el C-65 queda suficientemente descompensado como para no poder reaccionar a tiempo de evitar mi cortador de plasma aplicando un quirúrgico punto de fusión en el actuador de cadera de su extremidad derecha, justo por encima de su coraza. La exitosa inmovilización del miembro y la gravedad surten efecto: el C-65 se desploma sobre mí. En las distancias cortas y con la momentánea sorpresa, que en aquel arcaico droide de combate con procesador mononúcleo se traduce en una sustanciosa ventaja temporal, las probabilidades y la estadística están esta vez de mi lado. El C-65 comienza a desgarrar mi brazo derecho cuando mi cortador de plasma ha acabado de achicharrar su sistema nervioso en la base del cuello, aprovechando uno de los pocos resquicios que brinda la coraza de este constructo ideado por un ingeniero amante de las lasañas metálicas.

Llegados a este punto, mi compañero droide constituye una inofensiva mole de media tonelada, que aparto a un lado para enfrentarme a la segunda amenaza. El humano, sin duda estupefacto ante la inusitada rareza del desenlace, ha decidido correr sin recurrir a su armamento. Nos separan quince metros y yo evalúo las posibilidades. Desacoplo la ametralladora de los despojos de mi adversario robótico y apunto al mestizo mientras repaso las directivas.

Soy un droide asistente de laboratorio, mi primera directiva siempre fue proteger la vida humana…, aunque ello suponga exponerme a la inoperatividad o mi eventual destrucción. Una estimación a priori de mi sistema cognitivo determina que la supervivencia del mestizo es inversamente proporcional a la mía propia, tres segundos después, mi módulo de coprocesamiento arroja una predicción de un 99.9% de probabilidades de que dejarle escapar implique ser hostigado por varias decenas de cazadores de chatarra, alentados por el suculento botín que suponen mis componentes.

Siguiendo mi primera directiva decido conscientemente bajar el arma, sin embargo algo inesperado ocurre, porque varias detonaciones se suceden y el mestizo cae inerte entre los arbustos a treinta metros de mí. En mi interior se originan un sinfín de rápidos cálculos para componer todas las variables, en un proceso que los humanos interpretarían como desconcierto, y tras el que descubro que, efectivamente, he sido yo el que ha apretado el gatillo. Una búsqueda en el módulo instintivo me devuelve mi primera directiva:

1ª Directiva: autoprotección.

Esto constituye sin duda un error, los modelos B-800 somos asistentes de laboratorio, fuimos ideados y construidos  sin olvidar las funciones de apoyo técnico en base a un buen número de herramientas de precisión convenientemente disimuladas para resultar tolerables al ser humano. Nuestra morfología es un calco de la suya, siendo la más notable salvedad la dermis de naturaleza metálica y color blanco. Fuimos concebidos para agradar en lo posible y para ser fieles colaboradores de nuestros dueños.

Reduciendo silueta en cuclillas, al abrigo de los matorrales que me rodean, extraigo el proyectil de mi pecho y analizo los últimos acontecimientos. Las probabilidades para un androide estándar de seguir operativo tras un impacto parecido son inferiores al 5%, aunque yo he sido afortunado, sin duda mi blindaje eléctrico, concebido en inicio para las tareas de laboratorio, me ha librado de la incapacitación. No obstante, parezco haber sufrido daños considerables y he perdido gran cantidad de datos, de hecho, el único registro sobre mi pasado reciente parece ser el archivo de video cuya reproducción soy incapaz de detener, y que ha quedado relegado a una molesta subrutina que produce en mi interior un un leve pero incesante murmullo de estática electrónica. Más allá de la perdida de datos, la incisión en mi cuerpo no es importante, en menos de media hora gracias a la luz del sol un poco de sílice mi dermis se habrá recompuesto, la pérdida de datos, no obstante, puede ser irreversible, y solo un técnico con acceso a Freenet y adecuado instrumental tendría alguna posibilidad de recuperar lo borrado.

He de imaginar por la grabación que me llamo Tártaro, y si el ser humano que aparece en ella me puso nombre, es que debe de ser mi dueño. Las imágenes de video no dan para otra interpretación. Aquel gordo abyecto de ojos diminutos pertrechado con una bata de laboratorio tiene que ser mi amo…

En cualquier caso, nada de todo esto explica la modificación de mis directivas, más propias de un droide asesino. Alguien ha debido manipularlas o resultar dañadas por azar, y aunque ello suponga una ventaja considerando mi pervivencia, debería encontrar la manera de averiguar el motivo y reparar los daños en mis registros.

Lo primero será calcular mi posición. Instintivamente intento acceder al módulo de telecomunicaciones; parece dañado. Palpo la parte posterior de mi cabeza y encuentro que ha sido arrancado de cuajo, junto con el propioceptor de posicionamiento por satélite, eso anula cualquier posibilidad de obtener mi localización con precisión. Estoy desconectado de Freenet, lo que tácitamente viene a implicar que estoy solo y perdido...

Reviso el C-65, como era de esperar solo tiene un rudimentario módulo radio de VHF para enlace a corta distancia. Nada de localizadores para un droide dedicado al contrabando, de él solo podré utilizar el armamento. Me acerco hasta el humano, él tampoco tiene nada que me pueda servir.

Observo a mi alrededor: frente a mí se abre una gran explanada plagada de hoyos y una abundante vegetación tronchada y mustia, el cielo está cubierto de nubes y la luminosidad es escasa, registro altos índices de contaminación ambiental, pero los valores no son letales.

Las nubes me ocultan el sol, por el momento tampoco podré extrapolar mi posición por los cuerpos celestes, he de utilizar otros recursos. Un vistazo a la flora local me permite comparar las especies con los modelos de mi base de datos. Reconozco una variedad de quiebra piedra junto a mí y recojo una muestra que me sirve para obtener una estimación conforme a su perfil genético; y aunque mi encuentro con el indígena ya constituyera un primer indicio, aquella variedad de Phyllanthis Niruri es una prueba irrefutable de que me hallo en algún lugar de la amazonia brasileña, no demasiado lejos de la costa.

Mis opciones son escasas, casi inexistentes, y así, aunque la mayoría de mis bases de datos están intactas, mi registro personal está seriamente dañado, y debo recuperarlo si quiero encontrar el lugar de donde vine. Lo mejor será buscar un núcleo urbano, ir en contra del viento en dirección a la costa, donde hay mayor densidad de población y recoger muestras de aire: el aumento de la concentración de emisiones gaseosas producto de las reacciones de combustión será un buen indicador para encontrar un núcleo poblado.

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